Panamericana en vivo!!

viernes, 12 de febrero de 2016

ALBERT EINSTEIN LO PREDIJO HACE MAS DE 100 AÑOS Y UNA CIENTÍFICA ARGENTINA LO CONFIRMO

Un hallazgo histórico abre una nueva era en la astronomía, que recién sale a la luz.


El 14 de septiembre de 2015, a las 5.51 de la madrugada (hora de verano del este de los Estados Unidos), detectores gemelos ubicados a 3000 kilómetros de distancia escucharon, con siete milisegundos de diferencia, señales originadas hace 1300 millones de años en una región lejana del cosmos en la que dos agujeros negros se fusionaban en un abrazo salvaje.
Esos latidos fugaces confirman la existencia de ondulaciones en la trama del espacio-tiempo, llamadas "ondas gravitacionales", que Einstein predijo hace cien años.
"Esta detección es el comienzo de otra era: la astronomía de ondas gravitacionales", dijo ayer, durante una conferencia de prensa en Washington, la argentina Gabriela González, vocera del experimento LIGO, que persigue estas señales particularmente elusivas desde hace décadas.

   fusión de dos agujeros negros que habrían originado las ondas gravitacionales medidas por LIGO.

Ondas gravitacionales.

González, Weiss y Thorne, padres del descubrimiento, hacen el anuncio.

El consorcio está integrado por 1000 científicos de 15 países, entre los que participa un importante grupo de argentinos, varios de la Universidad Nacional de Córdoba.

"¡Lo hicimos!", exclamó David Reitze, director ejecutivo del proyecto, durante el anuncio de los resultados. El trabajo se publicó ayer en Physical Review Letters y se espera que este año haya otras detecciones que lo confirmen. Si es así, puede ser motivo de un Nobel.
Predichas por Einstein en su teoría de la relatividad general hace exactamente cien años y generadas por cataclismos cósmicos, las ondas gravitacionales estiran y comprimen el espacio y el tiempo a medida que se propagan por el universo.

Los físicos llegaron a la conclusión de que las detectadas por LIGO fueron producidas en la última fracción de segundo por la fusión de dos agujeros negros de 29 y 36 veces la masa del Sol. El resultante, sin embargo, no tuvo 65 masas solares, sino 62 (comprimidas en un cuerpo de alrededor de 300 km de diámetro). Cerca de tres veces la masa del Sol se convirtieron en ondas gravitacionales en una fracción de segundo.

"Es un montón de energía -explica Matías Zaldarriaga, astrofísico argentino que investiga en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, donde trabajó Einstein-. Lo que pasa es que, como no hay ningún material que pueda emitir luz, no lo vemos. Si esto fuera luz, lo veríamos en todo el universo."

Según explica González desde la Universidad de Luisiana, los científicos buscan "arrugas en el espacio-tiempo" que se producen por el efecto de masas que giran muy rápidamente. "La teoría de la relatividad general de Einstein dice que si tenés una masa como la del Sol lo que hace no es atraer al otro cuerpo, sino deformar el espacio-tiempo -destaca-. También predice que cualquier masa que se acelere produce ondas gravitacionales. Para detectarlas, usamos un interferómetro: es un dispositivo en el que un láser infrarrojo llega a un semiespejo, se divide en dos y cada haz viaja cuatro kilómetros en el vacío, rebota en otro espejo y vuelven a encontrarse. Si las distancias son iguales, se cancelan uno al otro, pero si son distintas [por efecto de la casi imperceptible distorsión que imprime una onda gravitacional], los detectores ven un poco de luz. Ahora, la distorsión que registran es ínfima: de una parte en 10-21 (0 seguido de 20 ceros y un 1), un átomo en la distancia de la Tierra al Sol.

Fuente: Redaccion G4